¿Pero qué me estás contando?

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Ilustración: ciclomono

 

He aquí que los años han pasado,

y hemos vivido y olvidado tanto;

pero esos pequeños, insignificantes

cuentos, esos granos de arena

en el inmenso mar

de la literatura, siguen ahí,

latiendo entre nosotros.

Julio Cortázar

 

¿Pero qué me estás contando?

Pues justamente quiero contarte por qué es tan importante y necesario contar.

Para empezar, te pediré que te pares a pensar durante unos instantes qué somos tú y yo. Yo que escribo y tú que lees…

¿Ya lo sabes?

En realidad, haya sido la que haya sido, tu respuesta es la correcta. Da igual si has dicho que somos gente, gnomos, personas, docentes, elfos o un par de héroes mitológicos porque, al fin y al cabo, todos nosotros no somos otra cosa más que palabras.

Nuestros pensamientos se articulan con palabras, nos expresamos mediante ellas y, al escribir dejamos constancia de lo que sentimos, creemos o deseamos con palabras.

Las palabras nos ligan con su poder. Con nuestro nombre y apellido, palabras que nos individualizan, pasamos a formar parte de la sociedad. Nos casamos, nos reímos y nos enfadamos con palabras. Enseñamos en las escuelas, firmamos contratos y nos divorciamos con palabras. Ejecutamos sentencias, dictamos leyes, expedimos documentos, damos órdenes…

En definitiva, con palabras nos construimos nosotros mismos y construimos la realidad que nos rodea. Por tanto, continuamente nos estamos contando el mundo.

Pero, ¿de qué modo empezamos a hacerlo? ¿En qué momento entablamos ese diálogo con nosotros mismos y con nuestro entorno? ¿Cómo fuimos adquiriendo el vocabulario necesario para explicarnos cada vez mejor y más claramente la realidad? ¿Cuándo aparecieron en nuestra mente ideas propias y fuimos capaces de juzgar, aceptar o rechazar comportamientos, situaciones, actitudes…?

Todas estas cuestiones tienen una respuesta común: en el momento en el que nos sumergimos en los cuentos.

Los cuentos no son un simple pasatiempo, son una fuerza poderosa y llena de magia que, probablemente, no explotamos lo suficiente.

Y es que el poder de los cuentos es duradero, porque, incluso de adultos somos capaces de recordarlos de memoria y de rememorar qué nos hicieron sentir ciertas situaciones y ciertos personajes y, precisamente, esa influencia y esa permanencia pueden ser para nosotros las mejores aliadas a la hora de transmitir las ideas.

Tan convencida estoy de ello, que puse en marcha en septiembre de 2013 el blog «Martes de cuento» con una fórmula muy sencilla: un cuento, una ilustración una vez a la semana.

El objetivo es trabajar el cuento desde perspectivas múltiples:

1) El contenido lúdico del relato.

2) Su trasfondo psicológico y de qué modo puede ayudar a las personas.

3) Los temas derivados de la historia, que nos permitirán elegir uno o varios contenidos y ampliarlos.

4)  Como ejercicio de conocimiento para el que escribe.

De este modo, hacemos converger la fascinación que ejercen las buenas historias y su influencia sobre nosotros y los demás, el significado del relato, la curiosidad que todo ser humano siente y el desarrollo del pensamiento crítico en un aprendizaje activo y lúdico.

Por todo esto, y por mucho más, es por lo que es tan importante narrar. ¿Quieres aprender a narrar conmigo?

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